801. Que, quien, como, donde…

Carlos Fernando Villa Gómez

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En esta época de incertidumbre, cuando el mundo se encuentra bajo medidas de cuarentena y la mayoría de actividades están paralizadas, las redes y los medios de comunicación se han visto inundados de mensajes, anuncios, avisos, campañas y todo lo imaginable, con todos los contenidos posibles: científicos, serios, graciosos, negativos, positivos, esperanzadores, intrusos, y en fin, buenos regulares y malos. Mientras tanto, los mercadólogos tratan de mantener los clientes y atraer prospectos, usando para ello todas las formas posibles de estar y mantener contacto con los mercados, buscando que una vez superada esta crisis, sobre la que nadie pensaba ni se imaginaba, y se vuelve a la “normalidad”, que con seguridad mucho tendrá de nuevo, el impacto sea positivo o lo menos negativo posible, con mensajes y actividades que puedan realizar.

Hace más de 10 años, el fundador del instituto de marketing de contenidos (MCI) con sede en Cleveland, Joe Pulizzi, definió el concepto como “una técnica de marketing de creación y distribución de contenido relevante y valioso para atraer, adquirir y llamar la atención de un público objetivo bien definido, con la meta de impulsarles a ser futuros clientes y/o fidelizar a los actuales”. Por su parte, el inglés Doug Kessler, cofundador de Velocity Partners en Londrés afirmó que “el marketing tradicional habla a las personas, el marketing de contenidos habla con ellas”.

En el libro Everyone communicates few connect, el autor John C. Maxwell dice que “un buen comunicador va al grano antes de que el público pregunte cuál es el punto”, como también que “la gente escucha lo que se dice pero siente la actitud”, y agrega que “la gente está atenta a lo que se dice cuando ello conecta con algo que desea verdaderamente”.

Cuando ocurre lo que estamos viviendo, llegan muchos mensajes con contenido relevante, pero muchos también que generan más miedo y temor que otra cosa; y los hay de todas las formas que se pueda pensar, desde informativos hasta formativos, pasando por no pocos sin sentido verdadero, solamente entretenedores.

La credibilidad e importancia de todos ellos depende, básicamente, del contenido, pero no son pocos quienes, quizá incrédulos o sin querer creer, preguntan quién lo dijo, por qué medio o medios, y cuándo, como si quien lo dice fuera más importante que el contenido de lo que se dice.

Es innegable que en estas circunstancias tiene mucha relevancia quién dice qué, cómo y dónde y porqué se dice; pero no puede negarse que hay veces que lo que se dice, cuando procede de desconocidos, puede tener mucha validez. El refranero popular lo ha demostrado, como también muchas frases célebres anónimas.

Alguien dijo que lo importante no es lo que se dice o pide sino cómo se dice o pide, como lo narra la historia del sacerdote que preguntó si podía rezar mientras fumaba, obteniendo respuesta negativa, y al ver a otro fumando y rezando y preguntarle porqué lo hacía comprendió que el contenido de la comunicación fue diferente: ¿puedo fumar mientras rezo?

En el marketing, como en todo, el contenido es fundamental, pero también hay que analizar con cuidado las Wes (del inglés), sobre todo qué, quién y dónde (influenciadores), y, muy importante, cómo y porqué, pues lo que se dice puede interpretarse de muchas maneras, que es lo que Maxwell afirma cuando dice que todo y todos comunican, pero muchos no conectan.

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