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Carlos Fernando Villa Gómez

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Indudablemente, Internet, y las redes sociles, han hecho que el marketing del susurro, o como algunos lo denominan, boca a boca o boca a oreja, tenga una nueva y muy impactante vida, y que haya logrado conexión con los mercados, sobre todo los llamados millennials.

El susurro es además especialmente valioso para las marcas. "El valor del boca en boca es que es gratis", dice Jonah Berger, profesor de marketing en la Wharton School de la University of Pennsylvania. "Si la gente comparte tu contenido, no te cuesta nada, aunque tienes que lograr que lo compartan", recuerda, apuntando que las marcas tienen un "montón de trucos y consejos para hacerlo". Pero, muy importante, aclara que "en realidad, solo entre el 7 y el 10% del marketing de boca en boca sucede online. La mayor parte es offline".

Las opinions, y más las recomendaciones de los demás, conocidos y desconocidos, por cualquier medio, tienen un gran valor para las marcas. Según una encuesta de la Word of Mouth Marketing Association (WOMMA) en colaboración con la American Marketing Association (AMA), el 64% de los mercadólogos cree que las recomendaciones recibidas por vía boca a boca son mucho más efectivas que las que se transmiten por los medios y las herramientas tradicionales.

Un estudio de Nielsen concluye que el 84% de los consumidores cree fuertemente en lo que dicen y recomiendan personas que conocen que las que provienen de una marca o una fuente cualquiera.

Quizá por esa fuerza de las opinions y recomendaciones, es apreciable lo que está pasando con los logos, que se han convertido en poco tiempo en algo que ya comienza a ser evitado por muchos jóvenes, y obviamente por los de generaciones más tradicionales.

Hace unos años la fuerza de ese boca a boca, sumada a las tendencias de la moda, hizo que los logos pasaran a ser de aspuracionales a realidad, pues por el interaccionismo simbólico se fueron convirtiendo en otro medio del susurro además de indicador de estatus para no pocos.

Fue por ello que los logos comenzaron a ser tenidos como símbolos de clase y aparecieron en todos los productos,siendo “lucidos” por la gente que concierto orgullo dejaba conocer supuestas preferencias ante los demás.

Naomi Klein y muchos más, hablaron de ‘No Logo’, y ante la gran cantidad de oferta en un Mercado globalizado y sin fronteras comunicacionales, esos logos que funcionan, porque todavía lo hacen, como “marcadores sociales”,

 

 

Los que no quieren logos

Este comportamiento existe desde hace décadas, posiblemente siglos (cuando quizás no se compraban bolsos con el logo de tal marca, pero sí productos de tal productor o fácilmente reconocibles como tal y tal cosa para marcar lo que uno era), aunque eso no quiere decir que no hayan existido consumidores que no encajaban con esa idea o que se posicionaban en las antípodas de lo mismo. Ahora mismo, es lo que está ocurriendo con los millennials, un grupo demográfico que se ha entregado a una suerte de consumo no-logo y que está obligando a algunas firmas de lujo a deshacerse de esos recursos.

Esto no quiere decir que los jóvenes sean menos marquistas que otras generaciones, simplemente se trata de que lo ven de un modo distinto. Se ha producido, en ese grupo generacional, una fatiga del logo y se ha producido un cambio social al mismo tiempo que demográfico (para los millennials, hacer ostentación de las marcas que llevan es algo vulgar). Para ellos es más importante la funcionalidad, la conexión emocional con la marca y el diseño.