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Carlos Fernando Villa Gómez

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Una situación que con frecuencia se vive en nuestro medio se presenta cuando de cumplir se trata. Hace unos días al llegar a una reunión, citada con anterioridad, se repitió la tan común historia con la llegada tarde de muchos, lo cual nos hizo recordar frases que hemos escuchado varias veces, como “es que hay mucho taco”, “esperemos que lleguen los demás”, y muchas similares, con la que más nos preocupa: “es la cultura nuestra”, que no es otra cosa que la resultante de la falta de educación y la ausencia de las prácticas de mercadeo social.

Un gurú del mercadeo mundial nos dijo en alguna ocasión que mientras en nuestro país no se comprenda y aplique el verdadero mercadeo, será imposible generar comportamientos acordes con las normas de civismo y urbanidad que otrora se observaban, y complementó lo que nos expresaba afirmando que somos una sociedad desconfiada, negativa, mediocre y conformista, lo cual nos puso a pensar seriamente sobre lo que se aprecia diariamente en el país.

Comentábamos sobre las razones por las cuales las cosas (léase obras, espectáculos, actividades sociales, clases en escuelas, colegios y universidades, etc.), se dan como se dan: las llegadas tarde que hacen que se premie a los incumplidos perjudicando a quienes cumplen, la falta de cumplimiento de las normas y las leyes, el reconocimiento a los tramposos en las instituciones educativas y en las actividades sociales. La falta de cuidado con las obras y los bienes comunes y del estado, el vocabulario diario, los malos modales, y muchos más, concluyendo que son la consecuencia de falta de educación en los hogares y de parte de los educadores, y muy influyente, la falta de mercadeo social.

Hoy se habla de responsabilidad social empresarial, se trabaja bajo normas de calidad rigurosas para garantizar niveles competitivos de oferta, se habla de muchos temas que, supuestamente, deberían ocasionar resultados muy diferentes a los que se ven, en todos los campos.

Desafortunadamente estamos viviendo los resultados de una cultura mafiosa, que inculcó en muchos jóvenes la búsqueda de dinero fácil y rápido, la ley del menor esfuerzo, y las normas de comportamiento “comomedelegana” y la que resulta del dicho “el vivo vive del bobo” sumada a la que en ocasiones hemos escuchado: “lo importante es no dejarse coger”.

La cultura de una sociedad, entendida como el conjunto de principios, valores y creencias que motivan y mueven a tomar las decisiones y acciones que se aprecian,  se forma con el ejemplo y la educación.

El mercadeo es una función de quienes conforman la organización y/o sociedad (civil, organizacional, etc.) para generar, comunicar, suministrar e intercambiar ofertas de valor, estableciendo relaciones que conduzcan al bienestar y al mejoramiento del nivel de vida de todos los seres humanos, como claramente expresa la definición emanada de la American Marketing Association, y que en varias ocasiones hemos comentado.

El marketing social tiene varios enfoques, dependiendo de la organización que se trate y el objeto social de la misma, razón por la cual se implementa dependiendo de ello. La administración pública necesita un accionar diferente a la empresa privada; no es lo mismo lo que debe hacer en mercadeo una organización que persigue lucro que la que no lo busca para sus accionistas y/o dueños.

El proceso mercadológico es un conjunto de actividades para formar comportamientos y preferencias que conduzcan a un accionar sostenible entre los miembros del mercado meta, y es algo que ha brillado por ausencia en nuestro medio. Pero hay tiempo de actuar, si se quiere.