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Carlos Fernando Villa Gómez

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Cuando por fin algunas de las autoridades del país están haciendo cumplir las normas establecidas en lo relacionado con las falsas o engañosas promesas al mercado, es bueno considerar las palabras y frases más comunes que han servido, y sirven, para hacer caer, como se dice, a más de uno, entendiendo que son fuertemente estimuladoras de acción, razón por la cual vale la pena considerar las principales, pues son muchas las personas que han creído ese mar de comunicaciones que se presta para tantos problemas.

El objetivo de la comunicación mercadológica es informar de manera estimuladora y persuasiva los beneficios de la oferta, de manera que se logre un comportamiento del consumidor que sea sostenible, es decir, que genere acciones y lealtad por medio de una relación duradera y adecuada para las partes y la sociedad en general.

Pero, cuando se utilizan palabras y/o frases confusas, engañosas o mentirosas, las cosas cambian. Por eso, vale la pena considerar las más comunes para evitar el mercadeo de falsedades, que desafortunadamente se ha vuelto frecuente por el afán monetarista de tantos, para evitar que se siga cayendo en un mercadeo de falsedades.

Gratis, sin costo, sin obligación, satisfacción garantizada, aplican restricciones, y similares, son de uso muy frecuente y de gran poder de influencia en las decisiones. Atraen con suma facilidad, y deben ser analizadas con cuidado. El dicho popular es muy cierto: “de eso tan bueno…, no dan”.

Las garantías, y las frases que las anuncian son muy llamativas, pero la letra menuda es de suma importancia y cuidado. Satisfacción garantizada o la devolución de su dinero, resultados garantizados (como los de tantos productos “milagrosos” para rebajar de peso, ganar dinero, etc.), todo con el 50% o más de rebaja, liquidación total y nueva administración, son muy comunes y han hecho que las lamentaciones de no pocos no se hayan dejado esperar.

Con la palabra precio son múltiples las frases y promesas que se utilizan en el llamado mercadeo de falsedades, y siendo un elemento de la mezcla de mercadeo que en una sociedad como la nuestra tiene altísimo nivel de fuerza e importancia, hay que considerarlo en su real dimensión a la hora de tomar decisiones. El precio más bajo (garantizado), desde…, los precios fraccionados o presentados por cuotas que no son claras, y las formas de pago, entre otras, son bastante frecuentes.

Las palabras descuento y rebaja, sumadas a la inglesa “sale” se han convertido en común denominador de actividades comerciales, y cuando se le agregan términos matemáticos y límites de cantidad y tiempo, se convierten en peligrosas por el poder que tienen, por lo cual hay que hacer mucha claridad en la comunicación.

Las anteriores son palabras y frases que tienen fuerza, y que literalmente no tienen nada de malo, pero que cuando se utilizan para estimular e influir en la toma de decisiones, deben ser consideradas de acuerdo con el efecto que generen, siendo conscientes de que lo importante no es tanto lo que se dice, ni cada palabra independientemente de las otras, sino la forma como se dice, cuándo, cómo y dónde.

En el verdadero mercadeo, en el mercadeo responsable y bien hecho, se utilizan adecuadamente, entendiendo, como hemos dicho antes, que todo y todos comunican y no se puede no comunicar, y que la estimulación que se pretende con las comunicaciones debe (tiene que) ser con la alta dosis de responsabilidad social que conlleva, recordando que la finalidad es generar comportamientos sostenibles para beneficio de todos.