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Carlos Fernando Villa Gómez

Dentro de las acciones del mercadeo de ciudades, específicamente, cuando se pretende un turismo sostenible, los puntos de llegada y salida son cada vez más importantes, pues son los generadores de la primera y la última de las impresiones del visitante.

El aeropuerto JMC merece un cuidado especial para que cumpla el papel que desempeña en el proceso logístico del mercadeo de ciudades, pero se ha ido deteriorando en muchas áreas, y no ha sido tratado con el cuidado que se requiere.

El deterioro del pavimento y la pintura de las señales del piso en las vías de llegada y salida ocasionan hasta peligro, sobre todo por las noches, cuando las luces externas “brillan” en la oscuridad.

La falta de sillas en las áreas de tráfico, y en la internacional, es notoria, como también la inoperancia de una de las escaleras eléctricas que permanece clausurada desde hace bastante tiempo.

El desorden que ocasionan los taxistas causa pena y tristeza; en la mayoría de las terminales aéreas del país hay organización para evitar el caos que se observa cuando se busca un taxi en el JMC. No se necesita sino voluntad para que se organice el servicio, pero eso parece que no existe, pues no creemos que no se hayan dado cuenta de ello.

Los túneles de acceso a las aeronaves que no funcionan, el cuidado de los baños, la frecuente falta de personal en los sitios de control de migración, son algunos de los aspectos que vale la pena considerar.

No se entiende cómo brilla por su ausencia un área de parqueo breve, como existe en las terminales aéreas de las grandes ciudades, para que quienes esperan a alguien no tengan que hacer largas filas en la vía. Un tiempo de gracia y tarifas por minutos podría pensarse, lo cual ya está inventado, como se dice. Tampoco se entiende la cantidad de limitaciones en el área cubierta del parqueadero principal, y la falta de demarcación y señales visibles en él, ni el aspecto de las casetas de entrada y salida del parqueadero principal.

Son, algunos de ellos, pequeños detalles que con un poco de voluntad mejorarían la impresión de quienes llegan y salen, y que a lo mejor pasan desapercibidos para muchos. Unos dependen del centralismo, contra lo que hay que luchar para poder contar con una terminal que cada día demanda más cuidado y se convierte en elemento principal del marketing de ciudad, pero, la mayoría de los que aquí comentamos, dependen de la administración del aeropuerto. ¿Será mucho pedir?