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Por: Carlos Fernando Villa Gómez

Si se pregunta a 1000 empresarios la opinión sobre cuál es el común denominador de las organizaciones más exitosas, o se acude a los buscadores en la Web, seguramente que las respuestas serían: “las que han estado siempre enfocadas en lo que mejor hacen”, “son las que invierten permanentemente en capacitación y en su gente”, “las que trabajan con pasión por lo que hacen”, “las que se anticipan al futuro”, “las que saben identificar las verdaderas oportunidades y las aprovechan”, “las que mejor manejan los flujos de caja”, y muchas otras por el estilo. Respuestas emanadas de lo aprendido (enseñado) en los claustros universitarios, en los cuales desde tiempos remotos se ha dicho eso y más, y en adivinanzas de quienes responden más con el deseo que con la razón que

como consecuencia de análisis desapasionados y desinteresados.

El consultor y profesor, verdadera autoridad en temas administrativos y financieros Amar BhidÉ, en el libro The origin and evolution of new businesses (Oxford University Press), hace un análisis riguroso de las empresas que más reconocimiento han tenido en los últimos tiempos, y encontró que el 93% de ellas han abandonado los planes elaborados, por haber encontrado que eran (son) inviables, o, dicho de otra forma, porque si bien las estrategias eran las indicadas al principio, contaron con suficiente capital para modificar lo planificado y adaptarse a las exigencias del mercado, cambiante y competido como nunca antes, con diferentes modelos, bajo la consigna de prueba y error.

La consultora Mary Whaley resume el libro de BhidÉ diciendo que “sobreviven y prosperan porque poseen la habilidad para adaptarse a los cambios, los problemas y las oportunidades estando sujetas a muchas desviaciones y tropezones en el desarrollo de las actividades”.

Las organizaciones exitosas poseen una gran habilidad para improvisar; las que no logran lo que se proponen son las que se han mantenido apegadas a los planes, sin entender que todo está cambiando constantemente, siendo “la principal diferencia entre lo esperado y lo planeado la presunción acerca del futuro”, dice Roy Williams, el mago de la publicidad; “el plan es deliberado e intencionado; lo que se improvisa es emanado de lo emergente”, continúa, siendo lo emergente lo que se encuentra en el camino.

Para BhidÉ, las circunstancias actuales exigen de las organizaciones un alto poder de adaptabilidad, improvisación y análisis para identificar a tiempo los delineamientos que deben seguirse, teniendo muy claro que las metas o el llamado norte debe ser el que determine los denominados direccionamientos estratégicos.

El novelista Edgar L. Doctorow dice que “escribir una novela es como conducir un automóvil en la noche; se puede ver solamente hasta donde llegan las luces, pudiendo hacerse todo el recorrido así”. Lo mismo podría decirse sobre la administración de una organización, pues la constante del cambio, en todos los campos, y la necesidad de adaptarse a ellos, exigen un proceso que para poder llevarse a cabo de manera adecuada, eficiente y eficaz, está lleno de adversidades, desviaciones y tropezones.

La globalización y el derrumbamiento de las barreras de comunicación han generado un mundo más pequeño para el mercadeo, con competidores y actores que hoy actúan de una manera y al día siguiente cambian, por lo que hay que estar prevenidos y preparados para actuar de acuerdo con las circunstancias, sin estar ceñidos a la rigurosidad de tantos planes y políticas que hoy, más que nunca antes, llaman y exigen humanismo y flexibilidad.