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Carlos Fernando Villa Gómez

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Uno de los libros que más polémicas ha generado en el mundo de la administración, y consecuentemente en mercadeo, es ‘El Poder de lo Simple' de Jack Trout (McGraw Hill, 1999); no han sido pocos los que han comentado sobre él, que es uno de los libros que más verdades dice sobre lo que sucede en las organizaciones actuales. Su contenido ha hecho que sea uno de los textos más vendidos y leídos, pero desafortunadamente menos seguidos, aunque dicen que todo lo dicho es real y necesario de ser considerado.
John Mariotti, uno de los más reconocidos consultores y analistas de mercadeo en el mundo escribió ‘TheComplexity Crisis', en el cual hace un llamado al mundo sobre lo que se está viviendo, como consecuencia de la complejidad con la cual se han venido orientando y manejando las cosas en los mercados actuales, como otra voz de alarma para muchos empresarios que continúan pensando que lo complicado es la mejor forma de orientar las empresas.
En ambos se afirma que el mundo de vuelve más complejo, y complicado, por la cantidad de trámites, trabas y puestos, dizque para controlar mejor el día a día, pero, la realidad muestra algo diferente.
Dice Mariotti, que "la complejidad debilita, desmoraliza y desanima que es lo que menos se requiere en el difícil mundo moderno; lo que se necesita verdaderamente es esperanza, optimismo, ideas, soluciones y, sobre todo, actitud positiva para la búsqueda, el logro y el desarrollo de las mejores soluciones", para lo cual, comenta, se requiere la participación de todos, en la medida de las capacidades de cada quien, siendo siempre conscientes de que la actitud es la base.
Tratar de estar siempre motivado, de buen ánimo, destacando y mencionando siempre lo bueno de lo que sucede, aprendiendo de lo malo, sin tratar de ser víctima, tratando siempre aprender de las experiencias negativas (“perder es ganar un poco”), es una de las recomendaciones que hacen los autores.
La vida diaria se desarrolla tomando decisiones, y de ello depende la manera como se desarrollan las actividades de cada uno. Cuando John Mariottiestuvo al borde de la muerte tras sufrir un accidente, y le preguntaron los médicos que lo recibieron en el hospital si era alérgico a algo, respondió "sí, a la gravedad, a perderme el nacimiento de mi hija y a que me traten como si me fuera a morir", y continuó diciéndoles que "no quiero que me traten y operen como a alguien que se está muriendo para salvarle la vida; háganlo como se hacen las cosas con un ser humano que vive, sin complicaciones, facilitando las cosas, porque estoy vivo, ¡no estoy muerto!"
El principio de la reciprocidad se ha convertido en un compromiso de los mercadólogos: “tráteme bien, facilíteme las cosas, y le devolveré el favor”. Pero parece que las decisiones, en todos los campos, se tomaran en sentido contrario, porque la confianza en los otros, que se aprecia como consecuencia de las circunstancias que ha vivido nuestro país desde hace más de medio siglo, y de un sistema educativo que se fundamenta más en derechos que en deberes en los demás, entre otras cosas, es muy poca, poquísima, y vivimos en ese mundo, el de la desconfianza, la negatividad, la mediocridad y el conformismo.

“Las organizaciones suelen llegar a ser tan complicadas, que una parte deshace lo que hace la otra”, afirma Trout, y las prevenciones que se tienen han generado un exceso de trámites que complican tanto las cosas, que son desesperantes las acciones que hay que desarrollar.

Por eso hay que entender la burocracia de mercadeo no solamente desde la óptica de la teoría de la administración, que ha hecho que los organigramas se parezcan a una telaraña más que a otra cosa, y que ha desconocido el humanismo necesario para que todo sea mejor cada día, ante la imposibilidad de alcanzar la perfección, sino también como los trámites innecesarios, molestos y ridículos que no solamente son odiosos, sino que alejan a los clientes y prospectos, quienes por ser personas buscan lo más simple, sencillo y obvio, que es lo que ha demostrado mayor efectividad. Burocracia mercadológica la constituyen los puestos y trámites que no sirven y estorban, haciendo, como dijimos la semana pasada, que se aprecie más antimercadeo que verdadero marketing, el cual debe pretender siempre mejorar el nivel de vida de todos, sin excepción.

 

En mercadeo, hoy más que nunca antes, se necesita evitar, a toda costa, la complejidad que se aprecia en todos los campos; de lo contrario, los clientes leales serán menos y la inestabilidad será el común denominador en todos los escenarios.