Banner

Volver a la lista de Artículos de Mercadeo

 

Por: Carlos Fernando Villa Gómez

En una ocasión, cuando las cosas se complicaban durante la presidencia de Abraham Lincoln en los Estados Unidos, el mandatario opinó que "para decidir sobre los asuntos esenciales se debe utilizar el lenguaje, la lógica y el simple sentido común, y establecer un plan de acción concreto". Hoy, eso se aprecia muy poco, no solamente en el país del Tío Sam, sino en la mayoría de países del mundo, y en las organizaciones en todos los sectores.

Lo simple es, sin duda y comprobado, lo más efectivo en el mercadeo, y en todas las actividades, pero parece ser que actuar bajo esos principios es indicativo de ineptitud e incapacidad, como que quien hace las cosas de la forma más sencilla, guiado por el sentido común, no es idóneo para ejercer cargos directivos. Cuando así se dan las cosas, no es raro escuchar exclamaciones como ¿así de sencillo?

Si una estrategia no es simple, es probable que no sea valiosa; además, con más seguridad que otra cosa, cuando así no es, será generadora de confusiones y problemas porque quienes deben comprenderla no lo pueden lograr. Si una empresa no es simple, y no facilita las cosas para todos, es probable que no sea ganadora. Todas las empresas pueden hacer las cosas dentro de los marcos de la sencillez, facilitando la implementación de los procesos, y casi todas pueden elevar sin duda alguna su valor, a través de una simplificación verdadera e inteligente.

Desafortunadamente, parece que los ejecutivos modernos son amantes de lo complejo, de las palabras, los gráficos y las acciones que muy pocos entienden, de los cuadros bonitos y de las presentaciones "elegantes", de hacer las cosas para "descrestar", con palabras y hechos que nada o poco dicen, porque creen, y están convencidos de que con eso ganan poder, se sienten más fuertes, y quienes los escuchan y ven, se asombran, además de que no actúan ni preguntan por no dejar conocer ignorancia o estar en contra, razón por la cual prefieren aceptar lo que es complicado, para tratar de averiguar más tarde sobre lo que significa.

Cada vez se demuestra más que lo simple, lo sencillo, lo obvio, es lo más poderoso en el mercadeo y en todo, porque es lo que la gente entiende; cuando no se logra que la gente comprenda lo que se desea, por la complejidad, entonces la inactividad hace que no se tenga tiempo para hacer las cosas.

Para presentaciones, para elaborar los planes de acción, para actuar en cualquier circunstancia; en empresas públicas y también, tristemente, en las privadas. Para solicitar algo, para adelantar cualquier trámite que se necesite, en cualquier parte, los hechos nos están indicando que la complejidad es la que está mandando.

Jack Trout escribió el libro que se titula como este comentario, y John Mariotti escribió otro que tituló The Complexity Crisis (La Crisis de la Complejidad). En ambos se explica lo que estaba sucediendo cuando los escribieron; pero quien los lea, podrá comprobar que ante lo que vivimos en la actualidad, se quedaron cortos y nada ha cambiado para bien. Por el contrario, la situación, podríamos aseverar, ha empeorado, porque las trabas son cada vez más, y las palabras y textos utilizados para comunicar lo que se tiene que comunicar son menos entendibles y comprensibles.

En nuestro país se habló de la ley anti trámites; pero ha sido más tinta y papel que realidad, porque lo que se vive así lo demuestra; los ejemplos abundan y, todo parece indicar, que aumentarán.

Si se da una mirada a las comunicaciones que hoy se trabajan, podrá entenderse lo que afirmamos; y no es solamente en lo que se refiere a las actividades comerciales, pues la forma como se expresan en los diferentes medios de comunicación, que tanto han deformado y errado el uso del idioma, hacen que la complejidad en todos los campos sea cada vez mayor, por lo que la dificultad para entender aumenta. No hay que olvidar que la interpretación de las cosas es potestativa de cada individuo, pero también es cierto que se puede reducir el riesgo de que sean equivocadas, haciendo las cosas de manera simple y sencilla.

"Todo lo que hemos aprendido en la era industrial se ha orientado a crear más y más complicaciones. Pienso que ahora cada vez más gente está entendiendo que lo mejor es simplificar, no complicar. La simplicidad es la máxima sofisticación", dijo John Sculley, Ex de Apple y Pepsi. Ojalá se entienda y aplique.