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Por: Carlos Fernando Villa Gómez

La controversia que se ha dado, que no es nueva, sobre la manera como se trata la salud en nuestro país, y la que podríamos iniciar al considerar la forma como la salud considera lo que es el mercadeo, vale la pena por el bien de todos, pues como tantas veces se ha y hemos insistido, el marketing es una función organizacional para entregar cada vez un mejor nivel de vida para quienes lo desarrollan y, más importante y consecuentemente, para la sociedad.

El haber considerado por muchos años, y de manera por demás hasta lógica, que el mercadeo era (es) sólo para entidades con ánimo de lucro, hizo que quienes dirigen el que debe hacerse en cuestiones de salud y social, haya sido el que no ha debido hacerse, pues si se hubiera implementado adecuada y efectivamente, el comportamiento social sería diferente:

tendríamos acciones reales para generar y mantener el mercado (proveedores, clientes o pacientes y demás) sin mayores problemas, debido a malas prácticas (deseando creer que por desconocimiento de quienes han debido dirigirlo), y no tendríamos que vivir en medio de tutelas y demandas contra el sistema, para lograr lo que se debería tener como prioridad de las entidades del sector y del mismo gobierno: humanismo.

Si a lo anterior, básicamente el desconocimiento de las bases de acción de los sectores involucrados en el proceso mercadológico y en el de la salud, específicamente, agregamos el hecho del afán de búsqueda de rentabilidad de directivas de las organizaciones, que en todos los órdenes se aprecia, podemos concluir con claridad que, quizá con más fuerza, este último factor ha hecho que se dé lo que afirmamos en el título: el mercadeo de la salud está enfermo y la salud adolece de prácticas adecuadas de marketing.

Hemos sido testigos, y víctimas, de lo que decimos: consultorios, centros de salud, clínicas y hospitales, sin el personal suficiente, además de muchas personas sin la preparación y el conocimiento adecuados para lo que debe hacerse; y, muy preocupante, la deshumanización tan manifiesta en el trato con los seres humanos que sufren quebrantos en la salud.

Y se da en todos los escenarios y sistemas, tanto en la que llaman contributiva, y con mucha y mayor frecuencia y gravedad, en la subsidiada. Los ejemplos los vivimos a diario. Basta con mirar lo que informan los medios de comunicación.

Hace unos días, al acudir a una clínica para una cirugía, fuimos testigos y víctimas de la falta de personal suficiente para atender admisiones, registros y demás; al preguntar por las razones, la respuesta es similar a la que hemos conocido de situaciones similares: no han aprobado más gente, a pesar de que se sabe y se comprueba que se necesita, porque "hay que reducir gastos", a cualquier costo, parece. Afortunadamente, la mayoría de gente que trabaja en los sitios de salud, todavía sigue siendo humana. Pero hay quienes parecen ser más máquinas que personas, pues la negligencia e indiferencia que demuestran, es lamentable.

Después de haber recibido aprobación local para servicios de ambulancia, solicitados por el cirujano, una entidad de medicina prepagada negó un servicio de ambulancia, porque desde Bogotá dijeron que no era un caso vital; y esta misma entidad no cuenta con servicios de cardiólogos, parece, razón por la cual los electrocardiogramas deben ser "leídos" en Bogotá, y enviados desde allá al paciente quien debe esperar de un día para otro por los resultados.

Cuántos casos no han sucedido, siguen sucediendo y, al parecer, tendrán que suceder, algunos de ellos, desgraciadamente, con finales trágicos, para que quienes hacen mercadeo se den cuenta de que no solo en las entidades de salud existe una gran responsabilidad social, sino en todos los organismos existentes, y para que las organizaciones de la salud entienden que el mercadeo es no solamente aplicable sino, también, necesario para todo lo que se hace.

Repetimos, como tantas veces lo hicieron Drucker y Levitt: las organizaciones no tienen sino una función básica: mercadeo e innovación, y agreguemos, todo lo que se hace, en cualquier tipo de organización, tiene que ver con el mercadeo.

No pretendemos polémica, sino aportar para que los directivos piensen en la y como gente.