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Por: Carlos Fernando Villa Gómez

Hemos vivido una Semana Santa durante la cual se pudo observar algo de fervor, devoción, asistencia a ceremonias, y, según algunos, reflexión; confiamos que será para bien.

Desde hace varios años hemos estado leyendo sobre el mercadeo de la religión, en general, y el libro de Mara Einstein, Brands of Faith: marketing religión in a comercial age (Routledge, NY, 2008) se ha convertido en base de muchas de ellas para pensar y analizar lo que es el producto religioso y cómo se ha hecho y debe hacerse su mercadeo, sobre lo cual muchos autores del mundo, como Trout y Ries, Drucker, Levitt, Stevens, Laudon, Kotler, y más, para citar unos pocos, han comentado y puesto como ejemplo.

En artículos anteriores hemos analizado algunos aspectos del marketing religioso y lo que en nuestro medio ha debido ser, ha sido y no ha sido, dejando claro que en nuestro concepto se requiere de una claridad sobre el particular, primero, tanto entre el clero como entre la sociedad en general, y mucho por hacer para aprovechar el sentimiento de espiritualidad que el mundo está demostrando tener, sentir y necesitar. Es una gran oportunidad la que se presenta para los orientadores de la práctica religiosa, que muchas sectas, más que otros, están sabiendo aprovechar y que genera inquietudes.

Si se entiende por producto lo que resulta de un proceso, sea cual fuere, para que se haga uso de ello por parte de quienes lo quieren, desean o necesitan, la verdad es que la religión es una forma de vida que tiene para el ser humano una gran variedad y una línea de productos intangibles como pocos, que además se vale de otra gran gama de productos tangibles para su práctica.

¿Qué hay en el mundo más seguido que las creencias religiosas?, y ¿qué se comercializa más que la gran cantidad de artículos, no solamente los propios de cada una como los ornamentos, libros, imágenes, novenas, escapularios, etc., etc.?

El cine y la televisión, primero, y ahora Internet (sitios Web, blogs, etc.), entre muchos medios audiovisuales, han sido y son canales para hacer llegar a todo el mundo algunos de los diferentes "productos" que ofrecen; de hecho la mayoría de canales y programas que existen en el mundo son y/o tienen que ver directa o indirectamente con algo de la religión: películas como la de Mel Gibson, considerada entre las 10 más taquilleras de la historia, las tradicionales que no dejan de verse durante la Semana Santa, la Navidad, y el día de gracias en los Estados Unidos, para mencionar algunos ejemplos; la gran cantidad de predicadores, canales religiosos, programas radiales, misas, columnistas (positivos y negativos).

Tema vetado por muchas personas por las discusiones y desacuerdos que muchas veces se generan; controversias sobre prácticas de muchas, siendo la católica y las protestantes en general las que más detractores tienen.

Más del 90% de la población mundial se considera religiosa, creyente en un Dios, siendo la relatividad de ello un triste común denominador de los últimos tiempos, pero que demuestra una vez más lo que afirmamos al comienzo. También hay que entender que las mayoría de las religiones han trabajado un enfoque más de oferta que de demanda, algo que comienza a ser considerado para el futuro, porque si el mercadeo busca generar y mantener mercados, las religiones deben considerar al cliente para formarlo y mantenerlo; lo observamos hace unos días, por ejemplo, cuando el Papa Benedicto XVI respondió preguntas por los canales de la televisión, por ejemplo, lo cual complementa lo que su antecesor Juan Pablo II, desde ayer Beato en los altares, comenzó a hacer a finales de la década de los años 80.

La muerte de Juan Pablo II, y la ceremonia de beatificación de ayer, demostraron, una vez más, el sentimiento que despierta Dios entre los humanos, pues no solamente los católicos estuvimos de plácemes con la llegada a los altares de ese gran hombre, próximo santo, que fue Karol Wojtyla, sino todas las religiones del mundo que durante la ceremonia, estando presentes en Roma, por televisión e Internet, entre otros medios, siguieron.

El reconocimiento de la inmensa mayoría de la humanidad sobre la existencia de Dios, y la casi que incontable cantidad de sectas que se han formado de las diferentes religiones, generan un mercado enorme que hay que formar: el sentimiento, la necesidad, el deseo, etc., existe entre los humanos, pero necesitan las religiones un verdadero y efectivo mercadeo para lograr lo que todos buscamos: la paz y la convivencia.