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Por: Carlos Fernando Villa Gómez

El marketing político se trabaja para formar los mercados (como el genérico o comercial, como algunos denominan). El electoral, para lograr votos en una campaña determinada.
Si se hubiera trabajado el mercadeo político en nuestro medio, los colombianos seríamos conocedores de la filosofía de los partidos y habríamos seleccionado cuál seguir.

Igualmente, de haberse trabajado un verdadero y efectivo mercadeo para la política, la abstención no se daría en la cantidad que se aprecia, pues la gente sería consciente de la importancia y la efectividad del ejercicio del sufragio y del papel que desempeña en el funcionamiento del país.
Pero la realidad nos está mostrando que es muy poco, por decir lo menos, lo que la gente conoce sobre la base ideológica de los partidos, y el papel que en ellos desempeña.

El conocimiento que se debería tener, se alcanza por medio de actividad comunicacional, en especial la propaganda política, y por acciones efectivas, que no es lo mismo que frases e imágenes atractivas de tipo publicitario para atraer votantes. Lo que ha sucedido en el país es esto último, que es una acción del marketing electoral, que ha hecho que la gente vote casi que ciento por ciento de manera emocional, hecho que hace que la publicidad negra, al igual que la gris, más que la blanca, sean más influyentes en las decisiones de los electores.

La inexistencia de interés en la política, la falta de credibilidad que tienen los principales exponentes del sector público, la desconfianza que se ha generado entre los ciudadanos del corriente cuando se trata de acciones políticas, y más aspectos que podrían considerarse negativos, no son otra cosa que la consecuencia de la falta de programas de mercadeo para la política y para la acción partidista.

Como en el mercadeo genérico, los partidos, y la actividad política, tienen que generar una atracción primero, para que se logre interesar a las personas en el análisis de la filosofía partidista; pero aquí, a diferencia del que se da para el comercio, no se trata de trabajar con publicidad sino con propaganda, porque se busca una fundamentación ideológica por encima de unos gustos; en el marketing político se trabaja para que la formación ideológica de las personas siga una filosofía de vida con base en principios sociales, éticos y morales que hacen que se aparte de la búsqueda de gustos que pueden cambiar con el transcurrir del tiempo y la aparición de nuevas oportunidades de uso de ofertas. El político se asemeja más, y muchísimo, a lo que debe trabajarse en el mercadeo de las religiones, pues se dedica a hacer de las creencias la razón de ser de la actividad diaria.

Al lograrse este objetivo, las figuras o personas, son los líderes que han de conducir la actividad; por ello, cuando se da un verdadero marketing político, los intereses del país y su gente siempre estarán por encima de los personales.
¿Quién en el país puede afirmar que conoce la filosofía de los partidos, su historia, sus raíces, y que los sigue por convicción más que por personajes eventuales? Muy pocos.

Cuando el escenario es adecuado, sobre lo cual se dice que existe madurez, los candidatos luchan por el voto trabajando marketing electoral, que es una parte del mercadeo político, encaminada a lograr el favoritismo de los votantes; y los perdedores no se sienten mal ni perdedores, ni ofenden al ganador, sino que se unen a las causas por las cuales trabaja el partido, pues al estar de acuerdo en la fundamentación ideológica, entienden que se trata de un "accidente". Es similar a lo que ocurre con los gustos, cuando hay un verdadero sentimiento, las discrepancias son de forma mas no de fondo. Todo eso, nos falta.