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Por: Carlos Fernando Villa Gómez

Es motivo de análisis y discusiones, para los analistas, y de frustraciones, molestias y rabias para el mercado, lo que se aprecia en muchísimos casos en todo el mundo, y en nuestro medio, que es el que nos preocupa e interesa más.
La manera como se trabaja el mercadeo, y dentro de él algunas de las herramientas, sobre todo las de mayor frecuencia y fuerza, son la causa de lo anterior, como hemos comentado en ocasiones anteriores.
Hoy, cuando nos encontramos ya en la temporada final del año, la que más mueve los mercados del mundo, se debe tener en cuenta lo que se hace para evitar lamentaciones posteriores.

Las comunicaciones mercadológicas, y dentro de ellas la publicidad y la promoción de ventas, que son las de mayor utilización por parte de los oferentes de bienes, servicios e ideas, están siendo criticadas cada día con mayor insistencia, ante la pasividad de quienes deben actuar para velar por los derechos de los clientes: promesas engañosas, mensajes confusos, exceso de actividad, y más, son algunas de las prácticas que más frecuentemente vemos.

Campañas llenas de promesas que no se cumplen, o que para hacerlas respetar se tiene que acudir a los jueces. Otras, muchas, repletas de mensajes confusos e incompletos, que no se entienden por falta de claridad y/o uso de palabras y términos muy vagos, o las famosas frases como "aplican restricciones", "sujeto a modificaciones sin previo aviso", o una reciente en un almacén: "entre las 7 y las 9 a. m.", y cuando llegaron los primeros visitantes les dijeron que ya no había existencia de muchos de los artículos ofrecidos porque "estaban reservados".

Cuántas veces hemos sabido de casos en los cuales se promete la devolución del dinero, y lo que se entrega es un bono de compra. Y ni hablar de las trabas para hacer uso de las garantías. Cuántos concursos promocionales ha habido, sobre todo de rifas, que no aclaran si hay que pagar los impuestos, transportes y gastos adicionales, o de viajes a "cualquier ciudad" y nunca se puede ir a la ciudad que se desea.

Los problemas comunes al llegar a los almacenes y encontrarse que los "colaboradores" o vendedores ni siquiera saben de qué se les habla porque no les han informado, se ven con más frecuencia todos los días.
Cuántos casos se aprecian de promesas de realizaciones de mercancía con descuentos atractivos en todo el almacén, menos en los productos que el cliente desea.

El irrespeto que ya es común con la publicidad abusando del tiempo para pasar los mensajes, en todas las emisiones, pero especialmente en los noticieros y las transmisiones deportivas, en radio y televisión, porque se da en ambos, exageradamente recargados de mensajes, haciendo tedioso el tiempo que se dedica a estar informados o simplemente a divertirse, que ya ni dejan que se narre y comente. En los deportes, especialmente, tapando la imagen frecuentemente.

La falta de respeto para llamar la atención, con exceso de sexo y palabras indebidas, sobre lo que Martin Lindstron dijo recientemente que "no es tan efectivo". Sobre todo lo que hacen algunos confeccionistas famosos y almacenes de ropa.
Podríamos seguir enumerando casos que, tristemente, desdicen de lo que es el verdadero mercadeo. Ojalá se piense más en los seres humanos, para desarrollar mercadeo real.