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Por: Carlos Fernando Villa Gómez

Sin pretender ni desear ser ave de mal agüero, podríamos prever que lo que se viene en un futuro no muy lejano, dos ó tres años, puede ser otra crisis como la que hemos vivido en los últimos meses, por razones que se pueden dar, como se dieron para la que está dizque terminando, pero que podría evitarse, si se actúa como debe ser y con rapidez.
Era de lógica pensar que cuando la oferta supera la demanda en la mayoría de los casos y mercados, se tenía que presentar la tan cacareada situación actual, que en todas partes no tiene ni las mismas bases ni las mismas consecuencias.

La falta de control y la mal entendida libertad de acción en los mercados (se cree que libertad es hacer lo que se desea, como si la normatividad no se tuviera que dar), han ocasionado en el "mundo libre" lo que vivimos. Es que cuando hay más de lo que se necesita, puede y quiere, son varios los que tienen que desaparecer, quedando los sobrevivientes en situaciones precarias y de sostenimiento.

Superadas las situaciones complicadas, tanto financieras como mercadológicas, es notorio el desequilibrio y la desigualdad de condiciones para competir en los que quedan la gran mayoría de participantes en los mercados, incluyendo los clientes quienes, como desde ya se aprecia y comenta, han modificado muchos hábitos y costumbres, de compra, uso y comportamiento.

Pero si las medidas no se toman para controlar el nacimiento de empresas, tanto en los sectores públicos como privados, en la producción, en la comercialización, y en el manejo del sector financiero, en países como el nuestro más que en otras economías, no se trabaja un verdadero y efectivo mercadeo y no se sabe "platanizar" lo que los "sabios" dicen, muy pronto estaremos viviendo una nueva crisis, como la que hemos venido superando.
Es que la situación del país nuestro no es normal, ni es la que ni los académicos ni los prácticos o pragmáticos tienen en cuenta en los procesos y en las decisiones.

Nuestras circunstancias exigen, además de los "análisis normales" que tanto se dan en los textos, seminarios, conferencias, etc., análisis complementarios considerando la realidad colombiana, influenciada por economías subterráneas y comportamientos anormales.

La proliferación de empresas sin importar cuántas, ni dónde, ni por qué; la cantidad de negocios que se abren indiscriminadamente; los nuevos productos que son lanzados al mercado más por instinto e intuición que fundamentados en procesos y análisis, hacen prever que seguiremos estando ante una sobreoferta de bienes y servicios que hará que las consecuencias funestas sigan siendo común denominador.

La falta de mercadeo en las empresas del sector público, y en otros como la religión, el deporte, la cultura y, en general, lo social, sumada a la deficiente utilización de las herramientas del mismo en el sector privado, no hará posible que se presenten cambios en los comportamientos sostenibles que se pretenden.

La miopía de mercadeo, que como dijimos antes ya es casi que una ceguera, si no se corrige generará una desinformación y malformación de los mercados, lo cual, a su vez, hará que la entrada de otros productores y comercializadores foráneos sea más fácil y lo hagan con mayores probabilidades de éxito y competitividad, ocasionando una grave distorsión de los mercados, haciendo que las circunstancias difíciles que se han vivido durante los últimos doce años, sean otra vez una realidad.
Así como la que hemos vivido se había previsto, se pueden dar más si no se actúa a tiempo.