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Por: Carlos Fernando Villa Gómez

Cuando salió el libro "El Poder de lo Simple" de Jack Trout en 1999 (McGraw Hill), y al año siguiente Steven Cristol y Peter Sealey escribieron "Simplicity Marketing" (Free Press), muchos pensamos que el mercadeo que soñó Ted Levitt sería realidad. Pero no ha sido tan fácil como se pudo creer, y por eso John Mariotti, en 2008, publicó "The Complexity Crisis" (Platinum Press).
Parece paradójico: cuando más necesitamos lo simple, hacer las cosas sin complicaciones y sin complicárselas a los demás, es triste apreciar cómo la tan mencionada crisis parece haberse convertido en razón de ser de aumentar lo que alguien llamó "mercadeo burocrático", que traducido al lenguaje corriente no es más que complicarle la vida al cliente, al mercado, haciendo de la normatividad una excusa para protegerse.

Apreciando Las estadísticas mundiales sobre lo que está sucediendo, y las que se refieren a la supervivencia y la longevidad empresarial, sumado a lo que vemos, oímos y escuchamos en las reuniones y comités de las empresas, vale la pena pensar en lo que tanto hemos dicho acerca del poder de lo simple. Por eso es bueno recordar la Fábula de la Hormiga Productiva.

"Todos los días, muy temprano llegaba a su empresa la hormiga productiva y feliz. Allí pasaba sus días, trabajando y tarareando una antigua canción de amor. Ella era productiva y feliz, pero ¡ay!, no era supervisada. El abejorro gerente general consideró que ello no era posible, así que se creó el puesto de supervisor, para el cual contrataron a un escarabajo con mucha experiencia.

La primera preocupación del escarabajo supervisor fue organizar la hora de llegada y de salida y también preparó hermosos informes. Pronto fué necesario contar con una secretaria para que ayudara a preparar los informes, así que contrataron una arañita que organizó los archivos y se encargó del teléfono. Mientras tanto la hormiga productiva y feliz trabajaba y trabajaba.
El abejorro gerente estaba encantado con los informes del escarabajo supervisor, así que pidió cuadros comparativos y gráficos, indicadores de gestión y análisis de tendencias. Entonces fue necesario contratar un cienpies ayudante para el supervisor y fue indispensable un nuevo computador con impresora a color.

Pronto la hormiga productiva y feliz dejó de tararear sus melodías y comenzó a quejarse de todo el papeleo que había que hacer ahora. El abejorro gerente, entonces, consideró que era momento de adoptar medidas y crearon el cargo de Gerente del Área donde trabajaba la hormiga productiva y feliz. El cargo fué para una cigarra que alfombró su oficina e hizo adquirir un sillón especial. El nuevo gerente necesitó, claro está, un nuevo computador y cuando se tiene más de un computador, hay que tener una red local. El nuevo gerente pronto necesitó un asistente (que había sido su ayudante en la empresa anterior), para que le ayudara a preparar el plan estratégico y el presupuesto para el área donde trabajaba la hormiga productiva y feliz.
La hormiga ya no tarareaba sus viejas melodías y cada vez se le notaba más irascible. "Vamos a tener que contratar un estudio de clima laboral un día de estos" dijo la cigarra.

Un día el gerente general, al revisar las cifras, se dio cuenta que la unidad de negocios (donde trabajaba la hormiga productiva y feliz) ya no era tan rentable como antes y contrató al buho, prestigioso consultor, para que hiciera un diagnóstico. El búho estuvo tres meses en la empresa y pronto emitió un sesudo informe: "Hay demasiada gente en este departamento.....".
El gerente general siguió el consejo del consultor y... despidió a la hormiga productiva y feliz.
Moraleja: Si eres hormiga productiva y feliz, instala tu propia empresa...
P.D.: ¡Cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad!"