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Por: Carlos Fernando Villa Gómez
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En varias ocasiones nos hemos referido a la importancia del nombre en las actividades del mercadeo, sobre todo para las que se refieren al posicionamiento y al llamado "branding" o proceso de generación de marca.
Hoy, cuando comienza el último mes del año, y la gente comienza a pensar en cosas diferentes a las preocupaciones diarias a pesar de la crisis que se vive y se siente, volvemos a tratar el tema, pero desde un ángulo un poco más "light" como dicen.

Recientes investigaciones han demostrado que existe un efecto interesante generado por los nombres de los productos y las empresas, que tiene que ver con el nombre de las personas; es llamado el "efecto del nombre y la marca" (Name letter branding effect - NLB effect), que hace que las personas tiendan a seleccionar, primero, y preferir, productos que tienen que ver con el nombre y las letras del mismo.

Los experimentos adelantados concluyeron que si por ejemplo una persona se llama Jonathan (Juan, James, Johnny, Jaime, o similar) tendería a preferir un te japonés que se llamara Jonoki sobre otro que se llame Elioki. Pero si el nombre es Elías, Elizabeth, Elena o Eliana, ellos tenderían a preferir el te Elioki sobre el primero.

La razón que se ha encontrado para ello es que a las personas les gusta lo que se parece a cada quien, y, aparentemente, transferimos nuestros nombres a las marcas, prefiriendo las que se parecen en sonidos, letras, y aspectos físicos.

El mensaje es claro: los mercadólogos deben estar enterados de los nombres más comunes y que en el segmento pretendido son los que más suenan, cuando de buscar una forma de llamar o bautizar los productos y/o las empresas, pues con éstas el fenómeno es similar, llegándose a preferir una línea de productos de una organización que haga referencia a los nombres.

El siguiente aspecto tiene que ver con el mensaje que lleva involucrado el nombre seleccionado, pues éste involucra, psicológicamente, una promesa, aunque sea en otro idioma, pues el mercado tarde o temprano, siendo mejor y aconsejable temprano haciéndoselo saber por varios medios, sabrá lo que significa, como ha ocurrido con tantos productos, empresas y organizaciones. Los ejemplos en este campo son numerosos, pudiendo citarse algunos que ya no existen pero que recordamos con nostalgia, como Aces, Súperley, y El Roble.

En conclusión, ha sido claro y contundente el resultado: los nombres de organizaciones, empresas y productos tienen un papel muy importante y relacionado con los que las personas tenemos.

En los Estados Unidos se hace y publica cada año una lista con los más comunes, los cuales aparecen en www.namestatistics.com. Entre los femeninos la última indica que Mary, Patricia, Linda, Barbara, Elizabeth, Jennifer, Maria, Susan, Margaret y Dorothy son los "ganadores".

Los masculinos presentan el siguiente orden descendente: James, Robert, Michael, William, David, Richard, Charles, Joseph y Thomas.

Entre los nombres de bebés, cuya lista puede verse en www.ssa.gov/OACT/babynames, los preferidos en 2007 fueron: para niñas, Emily, Isabella, Emma, Ava, Madison, Sophia, Olivia, Abigail, Hannah, Elizabeth. Para los niños, los ganadores fueron Jacob, Michael, Ethan, Joshua, Daniel, Christopher, Anthony, William, Matthew y Andrew.

Las anteriores cambian cada año, indicando que en selección de los nombres de las personas también existen tendencias. ¿Cuáles serán en nuestro convulsionado país? ¡Pero son importantes!