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Por: Carlos Fernando Villa   

Novena: Metas posibles, no irreales. Aquí hay que decir que definitivamente el dicho "querer es poder" no tiene cabida, porque para alcanzar las metas que se pretenden, hay que sembrar para recoger posteriormente, pero donde hay terreno adecuado para ello, para lo que se hace, y además, donde hay posibilidad real de lograr lo que se busca. En el mercadeo instantáneo hay que diferenciar los "terrenos", pues "la capa vegetal" no es igual. Preocupa el hecho de escuchar a tantos ejecutivos de mercadeo, para no hablar de los demás de otras áreas, diciendo cosas como: "si nuestra competencia pudo, ustedes por qué no, si tenemos mejores productos", o, "es que no parece que trabajaran con la camiseta puesta", y muchas cosas más. Peor aún, sin demeritar el contenido de lo que está de moda, que ya hemos tenido ocasión de considerarlo en una empresa ante una pregunta de una asistente a conferencia, a quien el jefe le dijo: "¡lea ‘El Secreto' (de Rhonda Byrne) y verá que sí se puede; es que faltan ganas y mente positiva!". Sigue siendo motivo de preocupación conocer planes de mercadeo que destacan unos objetivos y/o metas que no se pueden lograr, son imposibles, pero que como son obtenidos por estadísticas y métodos matemáticos que no tienen en cuenta el mercado (las personas que lo conforman) y su potencial real, generan utopías que a nada bueno conducen. Por ello, cuando se trata de mercadeo efectivo, y con mayor razón cuando se habla del que Susan Benjamim llama instantáneo, las metas deben ser consideradas bajo la óptica de las posibilidades reales, porque si no, no serán más que sueños, y como se dice, "sueños, sueños son".

Décima: Recordar que nunca se llega, pues siempre se podrá hacer "algo más". Una regla básica, quizá la más importante del mercadeo instantáneo si en el momento actual la fuéramos a considerar, pero a su vez posiblemente la más peligrosa, es la de trabajar pensando que una vez alcanzada una meta ya se ha llegado a lo máximo. Los mercados viven una constante, que cada vez es más rápida: el cambio, en todos los aspectos, lo que hace que los gustos, los modos de vida, las costumbres, todo, vaya cambiando. A un psicólogo le escuchamos una afirmación que da para pensar: "si hoy fuera posible prolongar la vida para llegar a 200 años de edad, que no está lejos de lograrse por la ciencia, los traumas serían incontables y harían la vida imposible". No es sino dar una mirada retrospectiva para exclamar con un joven en una empresa cuando escuchó a sus jefes comentar hechos de hace treinta años: "¿cómo podían vivir y gerenciar sin celular, sin satélites, sin la tecnología de hoy?". El cambio hace que todo vaya pasando; los ciclos de vida de los productos, de las empresas, de las personas, son una realidad, y ante ello, cada día habrá nuevas oportunidades, nuevos productos y servicios, nuevas maneras de satisfacer necesidades, siendo siempre un anhelo de las personas humanas, y de los seres que nos rodean, mejorar el nivel de vida. Por eso hay que entender que por "lejos" que se llegue, nunca se alcanzará una meta definitiva. Parodiando la frase de Bancolombia, ¡cada vez se podrá llegar más alto, pero hay que tener cuidado de no caerse de donde se está y se va a estar!
Susan Benjamin en su libro presenta una serie de consideraciones como las que hemos comentado, que de verdad valen la pena, sobre todo ante las circunstancias que estamos viviendo, las cuales están haciendo pensar a muchas empresas y entidades, inclusive a las ciudades que mucho se han demorado en entrar a la era del marketing, sobre la posibilidad de abrir nuevos mercados. Nada nuevo para el mercadeo; siempre se ha tenido como una de las tres finalidades de la actividad, junto con el mantenimiento y la generación del futuro cliente. Pero, con cuidado y con "los pies sobre la tierra".