Banner


Mito 12: El mejor producto se impone.

Es uno de los mitos más antiguos, y que no parece salir del tomo de los mismos. Nació en los primeros años del mercadeo aplicado, cuando era cierto que la oferta no alcanzaba a igualar la demanda, haciendo que se presentara el hecho de no requerirse un verdadero mercadeo activo; solamente se necesitaba producir para vender; el mercadeo boca-oído era tan efectivo como hoy, pero se daba como la principal herramienta de comunicaciones. De allí que se hubiera dado la creencia de que un producto se imponía por su calidad, y que ésta era definida por la empresa y aceptada por todos. Hoy, cuando la demanda es menor que la oferta, y la competencia invisible de la que hablara Drucker desde los primeros años de la segunda mitad del siglo pasado es cada vez más fuerte, el producto, tangible o intangible, tiene que cumplir con los estándares mínimos de calidad, para que junto con los demás componentes de la mezcla, sea de verdad un satisfactor de necesidades y deseos que pueda sostenerse como tal. Pero la realidad nos ha demostrado que la subjetividad, al igual que la circunstancialidad, son elementos esenciales para determinar la calidad, y que las variables que se consideran para aceptar y hacer de un producto el mejor, son cada vez más, haciendo que la calidad del producto sea necesaria, pero, como afirmó Kotler, cada vez los productos son "más suma de...", haciendo que lo que se ofrece para mejorar el nivel de vida de la sociedad, sea tenido en cuenta de acuerdo con muchos elementos, inherentes y no inherentes a los mismos. ¿Cuánta gente define la calidad de un carro por lo que opinan de los componentes del vehículo, como silletería, equipos adicionales, etc., dejando de lado lo que son los elementos básicos del producto? Y, ¿cuántos no hablan de la categoría de un restaurante por la decoración, la música, la ubicación, sin tener michas veces opinión de superioridad sobre la comida?

Mito 13: Las guerras de precios favorecen a los clientes.

Otra creencia también muy generalizada, pero de las que mayores perjuicios genera para todos: empresas, clientes, etc. La carrera o "guerra" que se da con precios, haciendo que bajen hasta niveles muy bajos, llegando incluso a convertirse en generadores de pérdidas, se piensa que favorece a los clientes porque pueden adquirir productos de alta calidad por poco. Pero, en el mediano plazo comienzan las empresas a sentir el rigor de haber obtenido ingresos que no permiten la actualización suficiente en ningún campo: maquinaria y equipo, tecnología de apoyo, capacitación del personal, remodelaciones necesarias, etc., para competir con posibilidades de triunfo. Al darse la guerra de precios las utilidades se reducen al máximo, asumiendo que siguen generando margen de utilidad (las transacciones), y al no estar en capacidad de competir, habrá uno o dos ganadores, los más poderosos económicamente, produciéndose así un perjuicio para el mercado, pues queda sin posibilidades de selección, de una parte, y en manos de un monopolista fuerte. Las guerras de precios, como tanto se ha visto y demostrado durante tantos años de historia y experiencias, favorece mucho a los más poderosos, que en general son dos por segmento del mercado; pero un favorecimiento muy superficial y breve, pues para continuar debe "desatrasarse" por las consecuencias de la guerra, y ello no ocasiona, en los actuales momentos, nada diferente a "abrirle" las puertas a los competidores nacionales, que si bien las tienen, y son bienvenidos, deben encontrar una oferta nacional que de verdad compita con ellos.