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Mito 5: El mercadeo no es lo que se necesita; lo que hay que hacer es vender para sobrevivir y ser exitoso.

Por esta razón, principalmente, hay tantas actividades en crisis, pues pocos pensaron que íbamos a vivir un mundo de competencia en todos los escenarios, y que los "misioneros" de acciones iban a convertirse en algo que todas las actividades necesitarían, tarde o temprano, como en efecto ha sucedido: y eso es lo que es el mercadeo, una actividad misionera. La formación de los clientes en el aspecto mental, para lograr que las personas tomen decisiones favorables a una marca, a una actividad, a una práctica religiosa, y en fin, para que la acción que se pretende sea un comportamiento sostenible, lo cual requiere del proceso logístico del mercadeo, es decir, de "formar" (educar) una mente que decida por comportarse de acuerdo con las premisas y postulaciones que se ofrecen. Las ventas son una consecuencia, no un fin, del mercadeo, pues en todos los campos no se requieren transacciones de transferencia de propiedad y derechos de uso y usufructo, como es el caso de lo social, lo deportivo, lo cultural, lo religioso, y muchos otros campos. Para muchos, vale la pena recordar la definición que de la actividad presenta la American Marketing Association: Mercadeo es una función organizacional y una serie de procesos para la creación, comunicación y suministro de valores para un mercado, y para administrar relaciones con quienes lo conforman, de forma tal que se generen beneficios para la empresa y quienes la componen".


Mito 6: Para hacer mercadeo lo mejor es imitar al líder.

Un error muy común, ¡sobre todo en nuestro medio! El que se dedica a imitar, jamás podrá sobresalir y le será muy difícil lograr fidelidad en los mercados, pues el hecho de ser seguidor o imitador de otro, hará que los clientes opten por no confiar, primero, y el líder terminará por lograr que los clientes de ese seguidor, se conviertan en propios, dejando para la historia la vida de una empresa que nunca fue autóctona y creativa. Además, para imitar y lograr el éxito del líder, las cosas tendrían que ser iguales, y, si se dieran, el ganador seguiría siendo (como generalmente se da) el líder.


Mito 7: No hay otra empresa que haga lo que nosotros, o tan bien como nosotros; no tenemos competidores.

Por creer que así es la realidad de los mercados, han desaparecido muchas empresas, algunas de las cuales extrañamos. Hace más de 50 años le preguntaron a Peter Drucker sobre la competencia, y el gurú respondió, palabra más palabra menos: "es a lo que hay que ganarle, haga o no lo mismo que uno, pues puede hacer algo que no siendo lo mismo, lo puede suplantar." Nada más real. Por eso, como el mismo Drucker, y tantas veces repitió Levitt (La miopía del marketing), hay que identificar con claridad en qué mundo se compite. Los ferrocarriles no entendieron que estaban en el mundo del transporte, no en el de los trenes. Los fabricantes y comercializadores de sombreros no comprendieron que no estaban en el mundo de la moda, sino de la protección, por lo que los carros eran competidores en el campo de la prevención. Una actividad como la práctica religiosa compite con otras de tipo social, deportivo, etc., pues la decisión se toma considerando los beneficios de lo que se hace, y como ha sido poco lo que se ha dado en educación y formación teológica, la batalla la están ganando otras actividades. Al deporte como tal, le está pasando algo similar con el denominado mundo virtual, razón por la cual más del 57% de los menores de edad en el mundo, hoy prefieren "jugar" en el computador que en la cancha. ¡Competidor es el que puede ganar en la carrera por el cliente!