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Mito 3: El mercadeo es sencillo, sentido común; cualquiera lo puede orientar.

A simple vista parece ser una realidad. La mayoría de las empresas que han implementado actividades de mercadeo, con relativo éxito, lo han desarrollado desde años durante los cuales no era tan necesario por haber sido iniciado cuando la demanda superaba la oferta, o cuando se presentaba un equilibrio relativo; en esas condiciones, el mercado, podía desarrollarse más por boca-oído y la ayuda de unas cuantas herramientas adicionales. Pero, en la actualidad, cuando la demanda es superada ampliamente en la mayoría de los casos por la oferta, la situación es completamente distinta, requiriéndose un mercadeo "contraintuitivo", como lo ha denominado Kevin Clancy, pues se necesitan análisis, intervención de otras, muchas, ciencias y personas por la interdisciplinariedad requerida, y un perfil del ejecutivo que lo orienta que no es fácil de conseguir, razón por la cual antes se podía encargar a personas con perfil diferente, y el efecto no era tan negativo como el que hoy se da cuando se le pide a alguien, sin las aptitudes requeridas, que lo lidere. Es tanto como solicitarle a un músico muy bueno que sea director de orquesta, cosa que no todos están capacitados para ejecutar. El mercadólogo puede tener muchos rasgos idénticos a un perfil de vendedor, pero lo que hoy se demanda, con urgencia, es un ser humano en todo sentido, analista pero no generalista, visionario, con grandes habilidades para planificar, para comunicar, para resumir, observador minucioso, sociable, disciplinado, y poseedor de una mente tan abierta que no inicie acciones defensivas ante quienes no gustan, o no están de acuerdo, con lo que se ofrece al mercado, entre otras características. Y entre nosotros, no es fácil hallarlo, y menos quizá, sostenerlo.


Mito 4: El mercadeo es para empresas grandes y/o que buscan lucro.

Es uno de los resultados de no haberse necesitado mercadeo como se requiere hoy, y de no haberse tenido la oportunidad de apreciar lo que se preveía para el futuro que "ya llegó". Cuando se daban las circunstancias que mencionamos en el anterior mito, la religión, la cultura, las actividades del deporte, el comportamiento social, y más, se desarrollaban en escenarios que presentaban panoramas de baja, casi nula, competencia, por lo que los resultados eran muy diferentes a los que hoy se dan y aprecian. El cambio, constante y rápido que hoy se da en todo el mundo, la evolución de la tecnología y los medios de comunicación, internet, y más, han hecho que los mercados (clientes, seres humanos) vivamos un mundo con mayores oportunidades y alternativas para hacer las cosas (no solamente para satisfacer necesidades y deseos), al tiempo que se han conocido muchas más disciplinas y culturas, que para muchos aún son extrañas. La realidad del mundo que actual, con una oferta cambiante, a velocidades que pocos imaginaron y otros que todavía no ven lo que ha sucedido, la falta de conocimiento, sumado todo a la miopía de la que hablara Ted Levitt, han ocasionado que no pocos piensen que el mercadeo no es para ellos, y que son los grandes los que tienen capacidad de competir y desarrollar los mercados. Pero la realidad es que la formación de los clientes se necesita para todas las áreas y campos de acción de las personas y de la sociedad en general, y si bien las grandes corporaciones invierten altas sumas de dinero en implementación de actividades para hacerlo y sostener los mercados, aunque equivocándose bastante últimamente, los pequeños no solamente pueden hacerlo sino que, tienen que hacerlo, dado que los clientes, como afirma John Graham, "no son árboles y no crecen en los árboles", hay que formarlos y sostenerlos (fidelizarlos), y eso lo tienen que hacer todos, sin excepción, porque de lo contrario, no durarán mucho.