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Por: Carlos Fernando Villa Gómez

Séptima: Pensar en grande. Hay que recordar que el mercadeo es una batalla de percepciones, no de productos (Ley IV), y que esas percepciones se forman de acuerdo con las comunicaciones y las experiencias que se generen. El posicionamiento competitivo que a su vez hace que el llamado branding sea verdaderamente efectivo, se va logrando paulatinamente en la medida que se va respaldando en propios y externos lo que se dice y hace pensar. Por esa razón hay que tener una mentalidad ganadora con ideas diferenciadas y diferenciadoras que identifiquen y generen la confianza que se necesita para ser exitosos en el mercado. En mercadeo es claro que hay que tener una idea, una, que sea grande y fuerte, atractiva y de interés para el mercado objetivo, y sobre ella debe implementarse lo que se planifica, con dos o tres apoyos, pero no sobre la minucia. De no ser así, la imagen se irá diluyendo y, finalmente, desaparecerá. Pensando en grande implica también que hay que trabajar con un marco lo suficientemente sólido para respaldar lo que se promete y generar la afinidad con el mercado y sus integrantes, haciendo que la confianza resulte pronto y se “toque” el corazón de los clientes y prospectos convirtiéndose en “inolvidable”. En otras palabras, hay que darle al mercado una razón fundamentada para suministrar experiencias que se hagan imborrables en la mente y que permanezcan con claridad. Eso es lo que han hecho, entre otros, Sam Walton y Bill Gates, para hablar de muy dos casos recientes y conocidos..
Octava: Creatividad e Innovación. Si recordamos la frase inicial de El Padrino, implica persistir sobre lo que se sueña, lograr utilidades y convertirse en verdadera empresa. Ello quiere decir que hay que trabajar una actividad de mercadeo con base en la creatividad y la innovación para ser diferente a los demás, saliéndose del mundo de los “yo también”, de manera que el mercado pueda ver con claridad, y notar, esa diferencia de la que hablamos antes. También implica el aprovechamiento de las oportunidades, y, en algunas ocasiones, salirse del libreto, como se dice, pero teniendo cuidado de no exagerar la nota para no ocasionar un reposicionamiento innecesario, y peligroso. La innovación debe ser parte de la cultura mercadológica actual, y para ello se requiere de una mentalidad creativa y estratégica, que sepa enfrentar los cambios y retos que demanda el mercado actual. Recordando a Drucker, hay que ser diferentes, considerando esa diferencia como la esencia de lo que se ha de hacer; hay que encontrar soluciones “nuevas” a problemas “antiguos”, reinventar si se quiere, sorprender y deleitar altercado pero con promesas y hechos de verdadero interés para quienes buscan el producto de la empresa, no para los de la Junta y las directivas. Hay que trabajar con mensajes frescos, impactantes y que tengan fondo, y, por supuesto, con lo que llaman, “el kilómetro extra”, sin excederse con lo que no se debe.
Novena: Conocerse a si mismo. Los Corleones fundamentaban el patriarcado en la sabiduría que nacía del propio conocimiento. Saber claramente qué se puede hacer con lo que se tiene y cómo se es, se convierte en fundamental para el mercadeo. Nadie puede aspirar a lo que no es capaz de lograr y mantener, siendo esencial esto último, pues alcanzar algo y no poder mantenerlo se ve con frecuencia, y no es precisamente lo que debe hacerse. Hay que lograr afinidad con quien se ha de convertir en cliente, y mucho mas si se desea la lealtad del mercado. Los principios y valores de la organización tienen que coincidir con los de los clientes, y para ello hay que conocerse bien.