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Por: Carlos Fernando Villa Gómez

Cuando Mario Puzzo escribió el famoso libro El Padrino, que mas tarde llevaron a la pantalla en tres versiones con guiones (participación) y dirección de Francis Coppola, ninguno pensó que lo expresado e interpretado podría convertirse en base de lo que Eric Swartz, presidente del grupo Byline, empresa de comunicaciones de mercadeo especializada en estrategias de posicionamiento y branding, ha denominado mercadeo estilo “El Padrino”, el cual se fundamenta en los mensajes de la obra y las acciones que en ella se narran e interpretan, las cuales resume en tres, y expone para la actividad en diez reglas.
Dice Swartz que muchas son las lecciones que para mercadeo se pueden extraer de El Padrino, comenzando por la comprensión que la familia de Vito Corleone tenía acerca de la posibilidad de competir para ganar: todos lo hacían para salir vencedores, y lo que mas les interesaba (a éllos y a los competidores) era derrotar a los demás. Para los Corleones el mercado era, como es el actual, de alta competencia y “peligrosidad”, debido a que todos competían cabeza a cabeza luchando por la máxima utilidad posible. La diferencia está en que éllos lo hacían sin importar el ser humano como tal, pues las batallas se desarrollaban de manera inmisericorde, mientras hoy “dizque” se cuidan los clientes y ellos son importantes, aunque mucho, la mayoría de las veces, sea mas de palabra que de obra. En el escenario del desarrollo de las actividades del filme la familia de don Vito competía con los Barzinis, los Tattaglias y los Sollozzos, como las empresas actuales, tratando por todos los medios de expandir los mercados y lograr los máximos niveles de participación.
Las batallas que se libraban, como las del mundo actual, eran feroces; luchaban por posicionarse y adquirir un renombre que les permitiera dominar los mercados en los que actuaban. La diferencia es que ellos lo hacían con balas, mientras hoy se hace con herramientas de comunicaciones como la publicidad y las promociones de ventas que se convierten, con mucha frecuencia, en acciones poco recomendables, como en la película. Se daban alianzas y se apreciaba algo que hoy se nota con mucha fuerza: la percepción que se buscaba generar era para lograr cada vez mas poder. Cabría la expresión famosa en Silicon Valley que dice que se puede nadar con los tiburones o dormir con los peces, pero nunca las dos cosas simultáneamente.
La sabiduría de El Padrino se traslada al libro guía del mercadeo: el éxito se logra con campañas persuasivas que permitan lograr el dominio del mercado, cultivar la lealtad de los clientes y convencer a los prospectos a tomar decisiones y actuar inmediatamente; para ello, se requiere lograr una visión clara y articulada, determinar con claridad una serie de valores y conocer los competidores (las acciones) para sacar provecho de las debilidades que tienen y ser el de mayor credibilidad en el mercado.
En resumen, antes de abordar las 10 reglas, los enemigos de los Corleones, o de todos entre ellos, son los competidores del mercado actual, diferenciando lo que se hacía entonces con lo de hoy y entendiendo que lo ilegal y/o inmoral no tiene cabida en la ejecución de las actividades mercadológicas, en cuya implementación debe primar siempre el ser humano como tal, para proporcionar una oferta que mejore el nivel de vida de quienes conforman el mercado, y así El Padrino no hubiera buscado eso precisamente, el accionar y la manera de analizar y ver los mercados, son los que Swartz presenta como base y reglas de un mercadeo que pretende mayor efectividad y posibilidades de éxito en mercados tan competidos y competitivos.