Banner

 

Por: Mark Stevens 

Estados Unidos

 

Especial para Tiempo de Mercadeo

 

Ha habido ocasiones en mi vida en las que he dudado de mi capacidad de alcanzar logros importantes. Incluso, en cierta ocasión, dudé de mi habilidad para sobrevivir.

Mi primera duda me llegó al comienzo de mi carrera, cuando la carretera por la que conducía repentinamente desembocó en una pared de ladrillo, y yo quedé malherido y sin saber si lograría sobrevivir. Y mi más reciente duda apareció hace seis años, al enfrentar una importante cirugía. La enfermera que me condujo me preguntó cuál era mi salmo favorito. Cuando le respondí que el salmo 23, oramos juntos: “Aunque camine por valle de tinieblas no temeré”. Yo dudaba si podría regresar de la anestesia para volver a ver a mi familia.

Tanto un revés en los negocios como una cirugía importante parecen ya algo muy distante en mi vida, pero ambos tienen un profundo denominador común: cada vez que yo me deslicé hacia el valle de la duda encontré allí la montaña de la verdad. Una verdad que me hizo más fuerte y más sabio de lo que era antes del desmoronamiento.

Y no se trata de alguna intervención misteriosa. Es algo más poderoso y confiable: se trata de un proceso que he seguido para enfrentar las amenazas. Siempre que analizo el peligro que enfrento trato de visualizar por anticipado qué sucedería si mis peores miedos se hicieran realidad. Al observar fríamente el asunto y las circunstancias a plena luz del día, encuentro que, aunque no sean muy agradables, siempre hay una vía de salida: surge entonces un escape que me lleva a una pendiente en ascenso, y mejor aún, finalmente me conduce a un mayor y mejor nivel de fortaleza, confianza y claridad de visión.

Siempre que busquemos el futuro para enfrentar las dificultades y los triunfos, siempre que la tierra tiemble bajo nuestros pies y las dudas parezcan guiar nuestros pensamientos, debemos repetirnos a nosotros mismos lo siguiente:

- El temor siempre es más grande que la realidad.

-Cuando nos esforzamos por imaginar la peor situación, vemos que no es tan mala como parece a la distancia.

-Siempre hay caminos para salir y ascender.

-Las personas listas y valientes no lloriquean: mejor encuentran la forma de derrotar las amenazas y ganar.

El valle de la duda es una prueba que nos puede conducir a la debilidad. Pero si comprendemos lo que realmente es y sabemos recorrerlo, se  transforma en una montaña, no solo de verdad, sino también de fortaleza.